miércoles, 18 de junio de 2008

Danza

La niña se arregló muy bien para su primer baile…Un chico la invita. La muchacha se pone a gimotear: “mamá, llévame a casa” (J.Romains)

Es toda la cuestión del “cheek to cheek”, costumbre anglosajona, o más exactamente americana, que sigue siendo poco popular en Francia.

La americana considera que, al salir con un chico, debe procurar serle agradable dentro de ciertos límites, que el “cheek to cheek” no lleva muy lejos sino a las que lo quieren, que esta manera de bailar, más íntima, es también menos pesada para el cuerpo que esa tensión muscular de las francesas de provincias, que el baile es uno de los modos de conocer a la gente y que no hay que arriesgarse a perder un buen amigo o un posible novio por un poco de rigidez en las vértebras y en el cogote, ---en una palabra, que el muchacho es más importante que el baile.

Nuestras compatriotas piensan de modo distinto, pero tendrían que saber que el baile de salón es una de estas dos cosas: o un ejercicio rítmico y artístico, en cuyo caso hay que dedicarse a ello con talento, o un acercamiento de dos cuerpos y de dos sensibilidades.

Nuestras doncellas no admiten la alternativa. Tiesas como cañas de pescar y malas bailarinas, soportan los minutos de ritmo como si se tratara de un cursillo de buen porte.

Basta con mirar esas parejas heteróclitas que se reúnen en los bailes públicos. Ni él la conoce a ella ni ella a él. El chico la invita. Y la muchacha no se atreve a negarse. Está allí para bailar y muchas veces también porque busca un cariño más duradero que un tango.

Bailan, pero sin decirse nada, callados. Ella se mantiene a veinte centímetros del desconocido. No es más que el primer contacto. Pero la escena se repite en la pieza siguiente.

¿Qué decirle?

Los muchachos de los bailes públicos tienen poca imaginación.

La niña se cree y quiere ser seriecita, se mantiene en su actitud enérgica. El chico trata de acercarse. Pero la muchacha se resiste, aunque tal vez se diga interiormente: “En el próximo baile”. Pero el chico la deja.

Su reputación está ya hecha: “Amigos”, dice, “aquella chica es un tronco…”

Señoritas: Hallarán ustedes su distancia entre el tronco y la ventosa.

Del Libro: DM

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